Ni brujos, ni adivinos, ni agoreros, ni charlatanes; siendo más bien pragmáticos en el análisis de las observaciones, se concluye que a un mes y 15 días del final de las elecciones, las cosas toman su color y su forma. Comencemos:

La carrera por la Gobernación de Santander se decanta con mayor claridad. Acá en esta campaña se observa principalmente a un Leónidas Gómez que se derrumba en sus propias amplificaciones, situación que lógicamente es capitalizada por sus contrarios quienes aceleran con mayor velocidad aprovechando las faltas mentales del león-caballo. La casa Aguilar lidera, Emiro Arias sorprende y Ángela Hernández se estanca; así se desarrolla la carrera por la primera magistratura del departamento.

Al contrario, en la campaña por la Alcaldía de Bucaramanga el desenlace aún es confuso. Mientras que los ciudadanos cansados del ultraje se aferran a la posibilidad de no retroceder en el camino avanzado, la politiquería y sus mañas emplean cuanta estrategia de manipulación se encuentra detallada en el “Manual”. Por ejemplo: el capitulo uno le pertenece a los que han transitado por el falso arrepentimiento, el falso perdón, la falsa modestia y el falso altruismo. El dos a los artistas del ilusionismo: “no le quiten al pueblo la ilusión de pensar en grande”; no le quiten la ilusión de tener metros, teleféricos, torres y autopistas; no le quiten la ilusión de vivir de ilusiones aunque después caigan en decepciones. Y el tres a los demagogos, que tienen que ver con los dos primeros pero que además se presentan como los genuinos representantes del pueblo y son solo los títeres del dueño del circo. Así, entre esta realidad de irrealidades, los candidatos que se disputan la Alcaldía de mi ciudad, se encuentran zambullidos en un empate técnico que solo será definido por aquel que tenga la capacidad de conectarse más con los ciudadanos y sus verdaderas dificultades históricas.

Mi concejo: voten bien, voten a conciencia. En esta ciudad el presupuesto no da para que los contraten a todos. Un estado paternalista es un estado fallido y entre menos intromisión sea necesaria por parte del estado su pueblo estará mejor.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.