La oposición es un hecho fundamental en la democracia y un alto grado de madurez política. Mientras más sean las garantías que se le otorguen al ejercicio de control por parte de los opositores, mayores serán los aciertos del sistema. La oposición no es trabar, no es obstaculizar, es un acto de responsabilidad de los partidos que pierden la contienda electoral y de los ciudadanos cívicos que piensan diferente.

Quien discute no está por fuera de la legalidad, ni es indeseable. Los que discuten tienen el derecho a existir; porque representan muchas veces, a voces tenues que no están de acuerdo con los puntos retardatarios y las decisiones de mal-gobierno que impone el mandatario de turno. Muy fácil resulta encontrar adeptos en el ejercicio del poder, más aun si se utiliza la retórica común que promete el cambio de fondo, siendo que en el fin oculto, se mantiene el mismo juego pero con las caretas diferentes. Si van a engañar a los ciudadanos, nosotros los opositores, nos resistiremos jugando el papel de desenmascararlo.

Lo evidenciamos constantemente en la administración del Alcalde Rodolfo Hernández, si no fuera por el ejercicio de sus opositores en este momento tendríamos un Pico y Placa inequitativo y exagerado en el centro, unas zonas azules en poder de las mafias del espacio público y un carril central destinado solo para las motos. Esto sin contar que, ya se hubiera vendido el acueducto, las foto-multas se escribirían en coreano y las basuras estarían en manos de rumanos con un cargo mensual de $70 dólares por su recolección.

Ir en contravía de las decisiones que el gobernante autoritario pretende imponer unilateralmente tiene un alto costo para los opositores, por ejemplo: en mi caso he sido vetado de periódicos, emisoras, clubes sociales y hasta instituciones públicas. Ahí todo normal -digamos- en consecuencia del ejercicio de oposición; sin embargo, lo que realmente duele, es sentir la doble moral de quienes a diario piden mis apreciaciones para sus análisis y diagnósticos, pero al tiempo, no son capaces de aceptar que en el origen de sus conceptos está este humilde opinador por el temor que los veten a ellos mismos. No importa, lo crucial es que el mensaje tenga su efecto sin importar el emisario y que la ciudad siga por el buen camino de la equidad, la seguridad y la prosperidad.

PD. Por este costado del rio, seguiremos hablado a través de terceros.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita