Un dirigente es un mal gobernante cuando rompe con el Contrato Social que legitima el Estado e instaura la anarquía. Ante su incapacidad de gobernar, este administrador provoca un desbalance entre el Principio de la Realidad y el Principio del Placer ocasionando el quebrantamiento de la democracia; destruyendo la sociedad en vez de restaurarla. ¿Qué significa esto? Volvamos al contractualismo…

Los seres humanos genéticamente venimos de los animales; como tales, en nuestra condición original somos salvajes buenos por naturaleza; nos guiamos por el amor a si mismos y por la compasión en perfecto balance social. Es tan solo cuando aparece la civilización que se nos corrompe, se nos vuelve malos. Este hecho en particular se da por primera vez en la línea del tiempo, en el momento en que surge la división del trabajo y se crea la propiedad privada. Es aquí cuando por voluntad de todos y ante la posibilidad de una confrontación por el poder económico, que se genera un pacto de voluntades y se crea el estado civil. En otras palabras, construimos un nuevo orden social que nos permite vivir en armonía; la Constitución.

Así; el dirigente que por desgracia sacrifica la seguridad por la libertad nos conduce a una guerra de todos contra todos; acabando con el poder político y el ordenamiento territorial, que claramente se ve reflejado en el caos social. No podemos permitir entonces que se pierda la estructura institucional como generadora de reglas. Debemos exigir que los organismos de gobierno sean los encargados de regular la vida y no lo contrario. Para esto se elige al gobernante; para que afine la configuración de las variables que componen el Péndulo de Bauman: realidad y placer; optimizando el estado histórico de la convivencia.

Nota del escritor: En un próximo café podemos ahondar en el concepto de la intrincación; batalla sana entre la libertad y las reglas, donde ninguna es vencedora. El dilema del gobernante es poder configurar que tanto se asienta una sin afectar a la otra y viceversa, siempre respetando el pacto de las voluntades generales impresas en el Contrato Social. Un abrazo.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.