¡Ah vaina! con este Alcalde, esta Alcaldía y con estos funcionarios que se empecinan en destruirnos a punta de improvisaciones. Prohibir el tráfico particular por la carrera 33 resultó ser su última invención y ante la falta de planeación, volvamos a venderles la muletilla “piloto”. ¿Cuántos irán? ¿Cuántos fallidos? Muchos y todos.

La carrera 33 es una antítesis de lo que debemos estructurar para lograr la movilidad sostenible. En ella se dan todos los errores que podrían presentarse en un sistema vial de movilidad: paralelismo, guerra del centavo, piratería, mototaxismo, UBER, mal parqueo, pésima señalización, venta ambulante y otros. ¿Pero qué es lo mas fácil? Claro, echarle la culpa a los conductores privados e imbuirse en la retórica de las ciudades inteligentes. Solo en la locuacidad del Ingeniero.

Para ser una ciudad inteligente lo primero que se debe hacer es nombrar funcionarios inteligentes; por ejemplo: ¿A quién se le ocurre ofertar 50 rutas de transporte publico por la carrera 33 mientras que por la carrera 27 prestan el servicio una y media? ¿Cómo pretenden mejorar el TPC o el SITM si seguimos permitiendo e impulsando el informalismo? ¿No será mejor nombrar a directores que si cumplan con los requisitos del Manual de Funciones y ¡no! atornillar a los incapaces actuales? Son muchos los errores y pocas las soluciones, mucho menos las innovadoras. La Alcaldía de Bucaramanga se ha caracterizado por la formulación de “pilotos” y “planes” que en vez de proyectarnos en el propósito de la ciudad anhela, nos retroceden. Ya la ciudadanía ¡se cansó! se hartó de los discursos grandilocuentes y exige resultados. No más campañas soñadoras, nos más verborrea engaña pingos; hechos reales y puntuales que mejoren nuestra condición de vida; esa es la conclusión así se emputen.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.