Alejandra es una mujer hecha y derecha, profesional en finanzas internacionales y miembro de una familia respetable. Alejandra pertenece a una buena empresa, tienen amigas desprendidas, va a un buen gimnasio y se podría decir que lo posee todo, al menos para ser feliz. Entonces, ¿cómo puede explicarse que no lo sea?

Alejandra conoció a Marco, un muchacho que se presentó en las mejoras formas y las más adecuadas maneras. Marco le prometió fidelidad a Alejandra, la ilusionó con un futuro promisorio y le generó esperanza. Todo entre Marco y Alejandra fue magnífico hasta que Marco golpeó a Alejandra. Su familia la apoyó, sus amigas nunca la desampararon y sus compañeros de su empresa siempre estuvieron soportándola: – Alejandra tienes que terminar con Marco, él no te conviene y si siguen así esto va a terminar en una tragedia. Pero Alejandra nunca los oyó y Marco volvió a golpearla. Lo hacía cada vez más fuerte, con mayores insultos y mayor frecuencia, pero Alejandra nunca dejó a Marco y siempre creyó en sus disculpas y nuevas promesas.

Ahora que sienten la indignación por el maltrato que sufre Alejandra y la rabia por el abuso que le causa Marco, quiero presentarles una versión análoga en términos de ciudad. No entiendo y me descompone el no deducir cómo Bucaramanga (la Alejandra de mi cuento), no se aparta de los golpes que le propina Rodolfo Hernández (el Marco de la misma historia). Les aumentan los impuestos, los multa constantemente por parquearse en bahías permitidas, elige a los delincuentes destruyendo el orden social y aún así ¿siguen amándolo y sometiéndose a sus maltratos? Por Dios.

Bucaramanga debe despertar, la ciudad no ¡no! puede permitirse caer en las disculpas y caritas de mentiras del Ingeniero: él fue el que contrató la actualización catastral, él estaba en cabeza de la interventoría por ser el contratante, él debió defendernos ante el aumento confiscatorio dei impuesto y nunca lo hizo. ¿Por qué? Porque no le importa lo que le pase a Bucaramanga sino que actúa exclusivamente bajo sus intereses de poder y venganza. Así ¡es! El Ingeniero es un maltratador que golpea; golpea y esconde la mano bajo su perfil de corderito manso, igual que Marco. Esta ya es una conducta reiterada y ninguna persona lo puede negar; golpeó a la ciudad con VITALOGIC, golpeó al Concejal con su puño y golpeó a los ciudadanos con los impuestos.

Como amigo de Alejandra o Bucaramanga les sugiero: sí la ciudad no reacciona ante este maltrato, lo más probable es que este continue cada vez más frecuente y con más violencia. Y seguirá con sus injurias, sus calumnias e insultos hasta que termine en una desventura, que cuando se desee salir de ella, las consecuencias serán irreparables. Piénsenlo.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.