Arrancó la carrera por la Alcaldía de Bucaramanga y en las primeras mediciones que se revelan en las grandes encuestadoras, se descubre una realidad que es manifiesta en el entorno ciudadano. Dos candidatos toman la delantera: Sergio Isnardo Muñoz y Jaime Andrés Beltrán aparecen en los puestos de privilegio producto por supuesto, de un trabajo disciplinado y argumentado que han sabido materializar en el seno mismo de las comunidades.

En el lado inverso a la sombra, obscurecen las campañas de Fredy Anaya y Claudia López. Ellos políticamente incorrectos son los representantes de las empresas electorales que siempre han visto a la ciudad como un botín, y que buscan únicamente el enriquecimiento individual y ¡no! el bien común; de manera que sus candidaturas son rechazadas por la intención de voto de los ciudadanos, así les ofrezcan a los concejales y sus estructuras vetustas volver a las parcelaciones y a sus aliados ilegales el cartel de la contratación y las CPS. Ni siquiera así suman.

Al final de toda esta investigación, también se busca a un Juan Carlos Cárdenas perdido y sometido a la voluntad de un Alcalde, quien en días recientes volvió a demostrar que su política teatral es un proyecto de demagogia que se sirve de los principios de la democracia para tomársela y luego destruirla desde su propio gobierno. Por esto, el candidato (que debe decirse) es el del Alcalde, cierra difícilmente el grupo de los elegibles.

Señores, la forma de hacer política ya cambió. Quienes piensan que con los patrocinios de los gamonales políticos van a conseguir el poder, están completamente equivocados. Tan así será, que entre ellos mismos se apenan de sus propios apoyos vergonzantes, o sí no, que me muestren la fotografía de Fredy con Lucho Bohórquez o de Claudia con Mario Camacho. Bucaramanga ya no los acepta y las palabras son más efectivas que las lanzas.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.