Dolorosa ´pela´ le dieron sus compañeros cabildantes al concejal Carlos Parra, demostrándole que la prepotencia, la confrontación y la cizaña no tienen más cabida en la ciudad bonita. Parra quien se juraba el Presidente electo, perdió su aspiración ante el concejal Humberto Rangel en una votación que terminó 11 – 4 más 4 votos en blanco. Ni siquiera los concejales de La Liga votaron por él.

Muchas veces le sugerimos al Concejal Parra que en la política se debe demostrar madurez, que una cosa es ser candidato y otra muy diferente un regidor electo. En este momento ya no existe el tiempo para las  patinetas, las capas y los Facebook Live; ahora solo se debe encontrar la mente y el cuerpo para trabajar en pro de los ciudadanos, sus necesidades y todo lo que esto significa: seguridad, empleo, movilidad, bienestar social, equidad, entre otros aspectos. Pero él no entendió. Su campaña para la presidencia del concejo la centró en la gritería y patanería sin sentido (al lado de su gregario, Danovis Lozano, otro concejal que solo vocifera chillidos y arengas pero nada entendible), dejando de un lado los acuerdos y posturas que exigen la coadministración en un cuerpo colegiado. Entiéndase bien: acuerdos y posturas basados en el mérito, la transparencia y el cumplimiento a favor del colectivo ciudadano.

La moraleja de esta historia concluye que el mundo no está en disposición de aceptar más líderes mesiánicos y egocentristas. A Parra, quien se ufanó de ser el único sapiente de los concejales y de encarar el debate bajo la estrategia de la guerra (utilizando al subcontralor Rolando Noriega como objetivo militar), le pasaron la cuenta de cobro hasta reducirlo prácticamente a la nada, lo comprimieron hasta el punto de mostrar la lagrima; y eso debe calar en la conciencia del cabildante. Si ¡no! qué decepción haberles dado la oportunidad a los nuevos jóvenes políticos y haber malgastado el voto.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.