Bucaramanga está en la inmundicia. Maldito ´perico´.

Se lo soplan los niños, los adolescentes, los adultos y los viejos; lo consumen en colegios, universidades, empresas y bares; no distingue clases sociales, ni géneros, ni religiones. Hoy el diablo le gana la batalla a DIOS.

Bajo la ley del gatillo los sicarios se asesinan unos a otros por el dominio de los territorios y crean las fronteras virtuales. Los carteles del micro tráfico se toman la ciudad. Mientras tanto lejos de su triste realidad, manipulan a niñas y niños físicamente atractivos como –ganchos- para atrapar a los nuevos consumidores, es el modo operan-di de estas bandas delicuenciales quienes posicionan en las mentes de nuestros adolescentes que la vida alrededor de esta droga está impregnada de glamour y éxito. Error. Pero así está funcionando.

“Rinde uno más”, “Me alegra”, “Es lo mejor”, son las expresiones que se oyen por doquier. Sí se anhela estar dentro de los círculos sociales se debe ´meter´ y carentes de principios pasamos de ser una sociedad con valores tradicionales a ser los consumidores mimados del país. Ya no les da pena, los viciosos de esta nieve endemoniada salieron del closet y se creen vedetts. Alerta padres de familia.

Se le preguntó al Alcalde Rodolfo Hernández sobre este flagelo y la inseguridad que traen consigo los negocios del demonio, y sin asombro la respuesta fue la misma que siempre improvisa y que es permanentemente enmarcada en sus discursos populistas: “Estos hechos son producto del desempleo que dejó el saqueo de la ciudad”. ¡POR DIOS! No es mi interés culpar al mandatario por este desenfreno pero, acaso no inquieta que en la Secretaría de Desarrollo Social no se encuentre un solo programa que ayude a prevenir y mitigar la adicción, o quizás, es posible que nada tenga nada que ver la Secretaría del Interior que no coordina, ni participa de los operativos necesarios para la des-estructuración de estos carteles y sus antros de esparcimiento, o por qué y para qué, asignarle la omisión a la des-financiación del INDERBU motivo por el cual no tiene un impacto positivo en los niños puesto que sus escuelas de deporte quedaron en el olvido.
¡Ojo! señores y señoras, mucha alerta con el actuar de sus hijos, créanme que el fenómeno de la droga en la ciudad tiene hoy magnitudes desproporcionadas. Algunos síntomas que pueden orientarlos en un diagnóstico sobre sí algún familiar es o no un consumidor son: 1. Pérdida del apetito 2. Ansiedad y depresión 3. Destrucción de los tejidos nasales y dientes 4. Sueño trastornado 5. Euforia intensa.

Hablar no es pelear, y en cambio si puede ayudar en la consolidación de la relación Padre – Hijo. Yo lo haría.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.