Ciudad apocalíptica: sucia, informal, insegura, anárquica. “Ingeniero ¡haga algo! atracaron a mi hija y por poco la matan”, grita desprotegido el Exsecretario del Interior, Ignacio Vega.

Cubiertos por un manto de desgobierno la realidad despótica nos muestra hasta dónde podemos llegar caminando sobre la podredumbre humana. Nada es ordenado, nada regulado; desde los puestos de trabajo hasta la diversión se reparten entre los ilegales y aunque la disidencia sí se castiga, la ciudad se ve obligada a protegerse en la oración como la única armadura de resguardo entre las heces y los orines de los indigentes. Es un escenario propio de los más hoscos relatos de terror.

Estamos obligados a competir en un mundo desleal y peregrinamos en esta extraña sociedad de regímenes impúdicos. Satanás. Nos tocó un Alcalde loco. Y ¿Por qué loco? porque le dicen el loco, porque habla como loco y porque actúa como loco. El loco destruye la capital y sus sistemas, con su afirmación “son pobres y necesitan trabajar”, desconoce el marco legal y el mandato para el cual fue electo generando una desorganización innominada que los impolutos se niegan a aceptar porque son coautores de la misma. Para el loco no existe el orden, no aplica la autoridad, es más, el loco se mofa y se ensucia sobre esta.

La responsabilidad principal del Estado es servir como garante de los fines comunes sobre los particulares, siempre enmarcado en los lineamientos incluidos en la Constitución Política y las normas que se desprenden de ella, legitimando así la soberanía de un pueblo sobre un terreno en particular que se refleja en la máxima eficiencia de sus recursos. Alcalde loco si no lo entendió, se lo explico: sí se sigue haciendo el pingo con los ilegales nos lleva el diablo, amor.

 

Fernando Martínez Arenas – Bucaramanga ciudad bonita.